Como es notorio, desde hace barios años, en los Museo de Arte, existe una gran preocupación sobre las obras al óleo, pintadas con el blanco de plata o también conocido con el nombre blanco de plomo (por contener carbonato de plomo básico), pues las mismas plasmadas con este blanco, al contacto con ambientes donde se presentan lluvias sulfurosas, acelera el deterioro del color, haciéndolo mas amarillento, en forma progresiva, alterando por completo la fidelidad y calidad de la obra, y el deterioro de la misma.
El blanco de plata al óleo, (hoy en día totalmente prohibido por el alto grado de toxicidad de sus componentes químicos) usado comúnmente por grandes maestros como Francisco de Goya, es más opaco, es más cubriente y seca más rápido, nos permitirá pintar de una manera más texturizada pero tiene la desventaja de provocar en algunas circunstancias, agrietamientos o cuarteamientos.
Hoy en día, es sustituido el mismo color, por el blanco de titanio, reuniendo las mismas cualidades de cubrimiento y texturizado, y sin producirse agrietamientos en periodos tempranos, pues los avances tecnológicos y las nuevos componentes químicos mejoraron sus cualidades, para mayor resistencia a los cambios térmicos ambientales y a los luz ultravioleta.